Corrupción 1- Democracia 0
¡Cerrado por antidemocrático! Éste será el cartel que pronto algún indígena colgará en el parlamento ecuatoriano y no le faltará razón. El país suramericano se vistió ayer de democracia, a pesar de la alargada sombra de corrupción que persigue a la política de la nación andina. En la última década, ocho son los presidentes que han colocado sus posaderas en el sillón presidencial y se han quemado el culo con la llama del escándalo. Una llama que sin embargo pretenden que apague el pueblo, obligándoles a votar, sino quieren ver más abierto el agujero de su bolsillo
Porque a diferencia de España y la mayoría de países europeos, el sufragio es obligatorio en Ecuador. El Estado sanciona hasta con 160 dólares (el salario mínimo del país), la suspensión de ciertos derechos como cobrar un cheque o viajar al extranjero, a cualquier "irresponsable" que, paradoja en mano, olvide su deber de votar, aunque no conozca el significado de la palabra derecho y tenga ni siquiera que llevarse a la boca. Mientras, de los catorce millones de habitantes, siete espiran bajo el umbral de la pobreza. Medio millón vive en nuestro país, y más de dos en Estados Unidos.
Sin embargo, parece que los ojos de Europa y el tio Sam apuntan en otra dirección. Más concretamente hacia las alzas de los zapatos de Pyonyang, ese enano norcoreano que ha optado por lanzarse de bomba a la piscina de las Naciones Unidas. Además, el agua le ha salpicado tanto en los hocicos a Bush, que ya temíamos todos una nueva guerra preventiva. Y es que el presidente norteamericano tuvo en Aznar a un buen maestro del castellano, y por ello conoce a la perfección el refranero español: "más vale prevenir que curar".
Una máxima que también ha seguido en su lucha contra la inmigración, con la construcción de un doble muro de casi mil doscientos metros de longitud en varios tramos de la frontera con México; de donde por cierto trajo Aznar su inexplicable acento mejicano.
Pero no hace falta irse tan lejos. La corrupción gana los partidos tanto fuera como en casa. Al tiempo que en Italia Romano Prodi promete acabar con la evasión fiscal y el imperio comunicativo de su antecesor, Silvio Berlusconi, descubrimos que un tercio de los diputados italianos se droga. Ya nadie es capaz de competir dignamente en el ejercicio de la política, y hay quien habla de una nueva hormona: "la corruptopoyetina". Capaz de aumentar la capacidad corruptiva de los políticos en un cincuenta por ciento. Una sustancia que mejora el estado físico de los pacientes, eleva el número de glóbulos rojos en sangre y permite un mayor rendimiento ante los fraudes a hacienda.
Aunque no se crean, esta hormona ya era utilizada hace siglos. Los caciques aderezaban el caldo del pueblo con grandes dosis de ella. Era la mejor forma para callar las revueltas que hoy siguen durmiendo en algunas habitaciones del mundo.
Las mismas habitaciones en las que esta noche dormirán nuestros propios caciques, nuestros propios corruptos. Esos que creyeron que Marbella era un Monopoly donde no existía la casilla de la cárcel. Esperemos que cada día haya más controles antidoping y las rejas formen parte del decorado de más de un granuja; mientras tanto me voy a Albolote a visitar a Roca que me pilla aquí al lado.
Porque a diferencia de España y la mayoría de países europeos, el sufragio es obligatorio en Ecuador. El Estado sanciona hasta con 160 dólares (el salario mínimo del país), la suspensión de ciertos derechos como cobrar un cheque o viajar al extranjero, a cualquier "irresponsable" que, paradoja en mano, olvide su deber de votar, aunque no conozca el significado de la palabra derecho y tenga ni siquiera que llevarse a la boca. Mientras, de los catorce millones de habitantes, siete espiran bajo el umbral de la pobreza. Medio millón vive en nuestro país, y más de dos en Estados Unidos.
Sin embargo, parece que los ojos de Europa y el tio Sam apuntan en otra dirección. Más concretamente hacia las alzas de los zapatos de Pyonyang, ese enano norcoreano que ha optado por lanzarse de bomba a la piscina de las Naciones Unidas. Además, el agua le ha salpicado tanto en los hocicos a Bush, que ya temíamos todos una nueva guerra preventiva. Y es que el presidente norteamericano tuvo en Aznar a un buen maestro del castellano, y por ello conoce a la perfección el refranero español: "más vale prevenir que curar".
Una máxima que también ha seguido en su lucha contra la inmigración, con la construcción de un doble muro de casi mil doscientos metros de longitud en varios tramos de la frontera con México; de donde por cierto trajo Aznar su inexplicable acento mejicano.
Pero no hace falta irse tan lejos. La corrupción gana los partidos tanto fuera como en casa. Al tiempo que en Italia Romano Prodi promete acabar con la evasión fiscal y el imperio comunicativo de su antecesor, Silvio Berlusconi, descubrimos que un tercio de los diputados italianos se droga. Ya nadie es capaz de competir dignamente en el ejercicio de la política, y hay quien habla de una nueva hormona: "la corruptopoyetina". Capaz de aumentar la capacidad corruptiva de los políticos en un cincuenta por ciento. Una sustancia que mejora el estado físico de los pacientes, eleva el número de glóbulos rojos en sangre y permite un mayor rendimiento ante los fraudes a hacienda.
Aunque no se crean, esta hormona ya era utilizada hace siglos. Los caciques aderezaban el caldo del pueblo con grandes dosis de ella. Era la mejor forma para callar las revueltas que hoy siguen durmiendo en algunas habitaciones del mundo.
Las mismas habitaciones en las que esta noche dormirán nuestros propios caciques, nuestros propios corruptos. Esos que creyeron que Marbella era un Monopoly donde no existía la casilla de la cárcel. Esperemos que cada día haya más controles antidoping y las rejas formen parte del decorado de más de un granuja; mientras tanto me voy a Albolote a visitar a Roca que me pilla aquí al lado.

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