Ménage à trois

jueves, octubre 26, 2006

¿Queríais construir? Tomad inundaciones

Les contaré una historia.

En el comienzo (tal vez de los tiempos), la lluvia caía del cielo. El proceso es bien sencillo, aunque costó bastante deducirlo. Las moléculas de agua se encuentran levitando, como por arte de magia, formando nubes. Y no es hasta que se unen unas moléculas a otras, cuando el peso de la formación, las obliga a caer, movidas por la gravedad. El viaje en picado suele terminar cuando las gotas impactan contra el suelo. El ciclo del agua continúa, claro está. Se forman ríos, charcos, pantanos,… y ha sido así desde que en la Tierra el agua cumple su vital y espectacular ciclo.

La Humanidad, como es lógico, ha vivido siempre con ese ciclo, y por ello, quisiéramos o no, nos hemos tenido que adaptar a él. Hay zonas históricas en las que ha llovido menos, y las poblaciones y los campos están adecuados y acostumbrados al régimen de lluvia pertinente. En otras zonas, por el contrario, ha llovido mucho siempre y el ecosistema y la sociedad están acostumbrados y adecuados. El agua y su ciclo es vital y nos condiciona, así ha sido siempre.

Entendiendo esto, sin embargo, no logro comprender por qué en las noticias hacen tantas alusiones a riadas e inundaciones. ¿No estábamos acostumbrados? La respuesta es simple: no. Es verdad que lo estuvimos, pero ya no.

El Cambio Climático (aquello de lo que tanto se ríen algunos pero de lo que daremos buena cuenta en menos de 50 años), el abuso de recursos, la globalización descontrolada y tantos y tantos factores están haciendo que lo que antes era lógico y dado por sentado, ahora tan sólo sea una supuesta teoría prehistórica.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en Galicia. Las televisiones nos han inundado (usando la palabra clave) con continuas imágenes de personas desesperadas porque lo han perdido todo en sus negocios y casas. Recuerdo la imagen de un coche, creo que rojo, apoyado en una farola, sí, en una farola, y apoyado. El agua ha destrozado tiendas y locales. Hay empresarios que se han quedado en la ruina, en la más absoluta ruina.

De buenas a primeras, caen cuatro gotas (fueron algunas más, ciertamente) y los pueblos se llenan de fango… ¿De fango? Sí, de barro, fango, lodo... En algunos lugares, el rastro de la tierra había alcanzado hasta un metro de altura. Esto, como todo el mundo sabrá, no viene del cielo. No suele llover barro. Entonces, ¿de dónde ha venido? Pues del monte. ¿De qué monte? Del monte donde dentro de poco habrá una urbanización.

Por regla general, la Naturaleza (esa gran desconocida) tiene mecanismos que nos protegen de manera no intencionada. Los montes, y más en Galicia, tienen árboles (o tenían la última vez que estuve por aquella zona). Unos árboles que suelen, por aquello de que les son necesarias, tener raíces. Y estas raíces, curiosamente, tienen una utilidad muy interesante: sostienen la tierra como pilares desde el suelo hasta las profundidades. Así, los árboles hacen que la tierra no se desplace ladera abajo. Pero, ¿y si no hay árboles? Pues que en cuanto llueva, el agua se llevará la tierra, creando ríos de lodo.

Lo que ha provocado las inundaciones en los pueblos gallegos no ha sido otra cosa que la deforestación. Una deforestación, que como en todo España ocurre, se debe a unos intereses urbanísticos. Se eliminan bosques para construir chalecitos con piscinas… y todo ello, por supuesto, sin control alguno. Y lo curioso, es que se sabe que se queman bosques en verano apropósito con esos fines, pero a poca gente se la “pilla”. Sí, vale, detienen al responsable material de muchos de los incendios, pero hay otros muchos responsables, indirectos o desde despachos, que dan la idea o sugieren que desaparezcan algunas zonas de bosque. Y muchos de esos individuos, precisamente, son de la clase política.

¿Hay consecuencias políticas? Más bien pocas. Este verano pasado se inició una investigación, de la que poco hemos sabido, en la que se estaba investigando la relación entre algunos alcaldes y dirigentes políticos afines a los negocios urbanísticos con incendios claramente provocados por los mismos que deben apagarlos. ¿Lo recuerdan? Seguramente. Pues bien, la investigación no llegó a ningún lado. Se metió en prisión al pobre infeliz al que le ordenaron prender fuego el monte y nada más. Así es este país.

Ahora ha aparecido una iniciativa del gobierno, de buscar a esos individuos en sus propias filas. Es una iniciativa claramente positiva y que nadie en su sano juicio rechazaría. Pero de su teoría a la realidad, hay todo un mundo. Desde aquí aplaudo la idea, y espero que la cumplan, porque desde Motril a Bilbao, o de Barcelona a Cádiz, se producen incontables “chanchullos” en pueblos y ciudades. Si tienen intención de llevarlo a buen puerto, adelante, que tengan mucha suerte y que les vaya bien. De hecho, sería bueno que otras formaciones políticas se sumaran a la iniciativa, como el Partido Popular. Pero este partido la ha rechazado aludiendo historias de fantasmas del pasado (de hecho asegurando que ellos no tienen ningún fantasma, faltaría más), y que ellos no necesitan revisar sus filas. Tal vez no lo necesitan porque tienen mucho que ocultar.

Mientras tanto, mientras unos partidos se lanzan pelotas y unos políticos se llenan los bolsillos, seguirá habiendo inundaciones y más tiendas y casas vivirán entre el fango del monte pelado.

2 Comments:

  • ¿Está usted un poco obsesionado con el Partido Popular, no? Es sólo una observación, ya que en sus dos textos tiene algo que reprocharles. Se ve que "los otros" lo hacen bien todo.

    By Anonymous Anónimo, at viernes, octubre 27, 2006 12:30:00 p. m.  

  • Lo que faltaba. El PP tiene la culpa hasta de las inundaciones.

    ¿Por qué no se guarda sus opiniones para las reuniones que tenga con sus amigos rojos?

    By Anonymous Anónimo, at viernes, octubre 27, 2006 4:34:00 p. m.  

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