Entrevista con el más allá
Reconozco que hace dos noches que no duermo. Desde el sábado el miedo comparte conmigo sábanas y almohada. Y todo, por culpa de la televisión.
Sí, esa caja tonta que vende a euro el kilo de hiperrealidad. Pero no es momento de discutir sobre la programación, estoy aquí para superar mi canguela. Para no confundirles, les diré que mi temor nada tiene que ver con el bacon que le sobra a Carmen Martínez Bordiu, la reedición (previo plagio) de Menáge à trois en Cataluña, los monólogos de Jiménez Losantos o la vuelta de Urdaci a la gran pantalla. La verdad, es algo mucho más serio.
Mi congoja camina cerca de los fantasmas del periodismo. Y tampoco me malinterpreten. No pretendo criticar a los ensayistas del trapo sucio, más bien se trata de una vaga reflexión. Porque vamos a contar mentiras, tralalá...
Entretanto, los arrieros del mundo rosa pastan a sus anchas por los platós. En este estercolero, donde hace meses descansa uno de los programas más grasientos de la parrilla, El Buscador (Telecinco, sábado-domingo 19.45 horas). Un espacio que cocina la grasa del morbo con dosis de imágenes impactantes y reportajes de “corte social”.
Emilio Pinilla -antiguo y versátil reportero de Madrid Directo y en sú última etapa de España Directo- es quien presenta este despropósito con "destintes periodísticos". Un programa de sucesos con ínfulas de investigación, que sigue cuidando la salud de nuestro corazón. Ese corazón que día a día, y desde todas las cadenas, aumenta sus ingresos sin sufrir atisbo de taquircardia.
Pero habría que mencionar también a quienes dirigen y presentan estos particulares servicios de cardiología. Emilio Pinilla, se ha manchado la bata de reportero de la información de primera mano, la actualidad y la improvisación, con el chocolate de la prensa rosa. Un dulce que cada día tiene un mayor número de adictos en una profesión engordada por lo efímero de la fama. Pero creo que me he vuelto a desviar del tema...
Pues aún sigo viviendo episodios de terror. Cuando se apaga la luz, no puedo dejar de imaginarme aquella imagen, aquella entrevista. En ella, una reportera de El Buscador, conseguía la mayor exclusiva de su vida: entrevistar a Encarna Sánchez. Y ustedes dirán : ¡¡pero si está muerta!!, y tienen razón. Pero aún así, la hábil periodista logró lo que parecía imposible. Fue capaz de resucitar a una de las más poderosas comunicadoras de la historia de la radio.
Todo, mediante la estimable ayuda de una médium, es decir, una estafadora a la que se considera dotada con las facultades necesarias para comunicarse con los espíritus, y demás fenómenos parapsicológicos.
El halo de misterio que rodeaba a la entrevista parecía más propio de cualquier película de ciencia ficción. Delante de la cámara, la medium respondía a las preguntas de la reportera en una gran libreta blanca, en la que anotaba las palabras que decía transmitirle el ánima de Encarna Sánchez. Además “la buscadora” (así de ingenioso es el nombre que toman los periodistas de un programa que se llama El Buscador), acomodaba el tono de su voz, para mostrarnos el capítulo más demencial de la historia de la televisión.
Sin embargo, aún quedan muchas cuestiones sin resolver. Emulando a Iker Jiménez y su Cuarto Milenio: ¿qué se esconde detrás de esta historia? ¿la entrevista era verdaderamente en exclusiva, o se trataría de un medium montaje? ¿cuánto habría pagado Telecinco a Encarna Sanchez por la espectral entrevista? Y sobre todo ¿en qué infernal cuenta lo habría ingresado? Mientras intento encontrar una respuesta en el más allá, me dirijo a la cama, espero no encontrame con ningún disfraz de tía buena. Me moríría del susto.
Sí, esa caja tonta que vende a euro el kilo de hiperrealidad. Pero no es momento de discutir sobre la programación, estoy aquí para superar mi canguela. Para no confundirles, les diré que mi temor nada tiene que ver con el bacon que le sobra a Carmen Martínez Bordiu, la reedición (previo plagio) de Menáge à trois en Cataluña, los monólogos de Jiménez Losantos o la vuelta de Urdaci a la gran pantalla. La verdad, es algo mucho más serio.
Mi congoja camina cerca de los fantasmas del periodismo. Y tampoco me malinterpreten. No pretendo criticar a los ensayistas del trapo sucio, más bien se trata de una vaga reflexión. Porque vamos a contar mentiras, tralalá...Entretanto, los arrieros del mundo rosa pastan a sus anchas por los platós. En este estercolero, donde hace meses descansa uno de los programas más grasientos de la parrilla, El Buscador (Telecinco, sábado-domingo 19.45 horas). Un espacio que cocina la grasa del morbo con dosis de imágenes impactantes y reportajes de “corte social”.
Emilio Pinilla -antiguo y versátil reportero de Madrid Directo y en sú última etapa de España Directo- es quien presenta este despropósito con "destintes periodísticos". Un programa de sucesos con ínfulas de investigación, que sigue cuidando la salud de nuestro corazón. Ese corazón que día a día, y desde todas las cadenas, aumenta sus ingresos sin sufrir atisbo de taquircardia.
Pero habría que mencionar también a quienes dirigen y presentan estos particulares servicios de cardiología. Emilio Pinilla, se ha manchado la bata de reportero de la información de primera mano, la actualidad y la improvisación, con el chocolate de la prensa rosa. Un dulce que cada día tiene un mayor número de adictos en una profesión engordada por lo efímero de la fama. Pero creo que me he vuelto a desviar del tema...
Pues aún sigo viviendo episodios de terror. Cuando se apaga la luz, no puedo dejar de imaginarme aquella imagen, aquella entrevista. En ella, una reportera de El Buscador, conseguía la mayor exclusiva de su vida: entrevistar a Encarna Sánchez. Y ustedes dirán : ¡¡pero si está muerta!!, y tienen razón. Pero aún así, la hábil periodista logró lo que parecía imposible. Fue capaz de resucitar a una de las más poderosas comunicadoras de la historia de la radio.
Todo, mediante la estimable ayuda de una médium, es decir, una estafadora a la que se considera dotada con las facultades necesarias para comunicarse con los espíritus, y demás fenómenos parapsicológicos.
El halo de misterio que rodeaba a la entrevista parecía más propio de cualquier película de ciencia ficción. Delante de la cámara, la medium respondía a las preguntas de la reportera en una gran libreta blanca, en la que anotaba las palabras que decía transmitirle el ánima de Encarna Sánchez. Además “la buscadora” (así de ingenioso es el nombre que toman los periodistas de un programa que se llama El Buscador), acomodaba el tono de su voz, para mostrarnos el capítulo más demencial de la historia de la televisión.
Sin embargo, aún quedan muchas cuestiones sin resolver. Emulando a Iker Jiménez y su Cuarto Milenio: ¿qué se esconde detrás de esta historia? ¿la entrevista era verdaderamente en exclusiva, o se trataría de un medium montaje? ¿cuánto habría pagado Telecinco a Encarna Sanchez por la espectral entrevista? Y sobre todo ¿en qué infernal cuenta lo habría ingresado? Mientras intento encontrar una respuesta en el más allá, me dirijo a la cama, espero no encontrame con ningún disfraz de tía buena. Me moríría del susto.

2 Comments:
jeje
mejor apaga la tv y no la vuelvas a encender...
mejor mirar la programación antes de morir de miedo
beso
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Anónimo, at miércoles, noviembre 08, 2006 2:04:00 p. m.
ahora me río más...jajaja
si te fijas en la foto del pavo este...tiene cara de medium no?
jaja
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Anónimo, at miércoles, noviembre 08, 2006 2:05:00 p. m.
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