Ménage à trois

lunes, octubre 30, 2006

La política dulce

Hoy he decidido merendar. No sean mal pensados, sólo me refiero a tomar algo. Nada tiene que ver con las tablas de Moisés y menos aún con el más impuro de los mandamientos. Porque nunca he hablado aquí de sexo, ni siquiera de alguna palabra que empiece por sex, no pretendo herir sensibilidades. Ya sé que me reprocharán mi mala educación. Ésta que me lleva a hablarles con la comida en la boca. Pero es la esclavitud de la tecnología por otro lado, la que también me permite estas migajas de opinión.

Y precisamente de migas va el asunto. Al igual que en mi anterior entrada (utilizo entrada para familiarizarme con el lenguaje del blogger), las elecciones catalanas tienen un sitio en mi deshabitada mesa de reflexión. Hacía tiempo que no recordaba una campaña electoral tan mediática como ésta. Desde el video de CIU criticando al tripartito, Confidencial CAT; el desnudo del candidato de Ciutadans-Partit de la Ciudadanía, Alber Rivera; la salida de la estrella del rock Angel Acebes y ahora la Nocilla del PSC. Sí, han oído bien, la nocilla. Porque fue la semana pasada cuando saltaba la noticia, o mejor dicho el anuncio. Un spot nos avisaba de los ingredientes del nuevo candidato a la presidencia de Cataluña, José Montilla. En él, se cambiaba el tradicional eslogan "leche, cacao, avellanas y azúcar", por los nuevos compromisos del presidenciable: "compromiso, gestión, experiencia y trabajo".

Ahora hasta los dulces tendrán que llevar prescripción médica, porque al menos un servidor, desconocía sus efectos secundarios.
El problema es que la anécdota del anuncio, se quedará en eso, en anécdota. Como otras muchas etiquetas, los programas de los partidos se esconden en la trasera del bote de champú que únicamente leemos cuando vamos al baño. Es entonces, cuando los componentes más innombrables, al igual que las propuestas menos incumplibles, resucitan a nuestra memoria como si jamás hubieran dado a luz

Sin embargo, es una lectura obligada para los catalanes que pasado mañana irán a las urnas. Y no existe analogía válida en este caso. Aunque es cierto que algunos se han dedicado a expulsar la mierda de sus adversarios, la campana ya ha sonado. No hay suficiente tiempo para convertir su papel en higiénico. Nos basta con que se laven los dientes y sobre todo la boca. Pero quizá me he desviado demasiado del tema. Porque de lo único que pretendía hablar era del inconfundible sabor de la Nocilla. Una Nocilla que de niños, se convertía en la consigna perfecta cuando escuchábamos a nuestras madres decir que estaba lista la merienda. Era el momento de acudir aprisa y despegar el balón de los pies, o a día de hoy, el pulgar del móvil. Una crema que nos convertía en indios de una tribu marcada por la ingenuidad y el dulce. La misma finalidad que con este spot ha perseguido el PSC: endulzar la imagen de Montilla.

Pero a veces "tener azúcar" no tiene porqué ser cuestión genética.
Y así ha ocurrido en la cocina del PSC. El video no ha sido realizado por ningún miembro del partido socialista, o al menos de manera oficial. Cuando se le preguntaba por el origen del anuncio, el líder de los socialistas catalanes respondía que se trataba de la "generación espontánea de algún simpatizante" y que no formaba parte de su campaña. Y tiene razón. Paradójicamente y para sorpresa de muchos, la cinta está inspirada en el gag Consejos para Montilla del Grupo Risa de la Mañana de la Cope, sin duda el mayor azote del gobierno y uno de sus peores enemigos. Para que después digan que el enemigo no duerme en casa.

Pero ahora es momento de marcharse, tengo que dejar hueco en mi estómago para la cena. Sinceramente, no sé quien pasará a recoger estas migas que acabo de dejar, pero a falta de recogedor y después de este sabor agridulce, a mi paladar le apetece algo más salado. Sino, llamaremos a Hansel y Gretel

jueves, octubre 26, 2006

¿Queríais construir? Tomad inundaciones

Les contaré una historia.

En el comienzo (tal vez de los tiempos), la lluvia caía del cielo. El proceso es bien sencillo, aunque costó bastante deducirlo. Las moléculas de agua se encuentran levitando, como por arte de magia, formando nubes. Y no es hasta que se unen unas moléculas a otras, cuando el peso de la formación, las obliga a caer, movidas por la gravedad. El viaje en picado suele terminar cuando las gotas impactan contra el suelo. El ciclo del agua continúa, claro está. Se forman ríos, charcos, pantanos,… y ha sido así desde que en la Tierra el agua cumple su vital y espectacular ciclo.

La Humanidad, como es lógico, ha vivido siempre con ese ciclo, y por ello, quisiéramos o no, nos hemos tenido que adaptar a él. Hay zonas históricas en las que ha llovido menos, y las poblaciones y los campos están adecuados y acostumbrados al régimen de lluvia pertinente. En otras zonas, por el contrario, ha llovido mucho siempre y el ecosistema y la sociedad están acostumbrados y adecuados. El agua y su ciclo es vital y nos condiciona, así ha sido siempre.

Entendiendo esto, sin embargo, no logro comprender por qué en las noticias hacen tantas alusiones a riadas e inundaciones. ¿No estábamos acostumbrados? La respuesta es simple: no. Es verdad que lo estuvimos, pero ya no.

El Cambio Climático (aquello de lo que tanto se ríen algunos pero de lo que daremos buena cuenta en menos de 50 años), el abuso de recursos, la globalización descontrolada y tantos y tantos factores están haciendo que lo que antes era lógico y dado por sentado, ahora tan sólo sea una supuesta teoría prehistórica.

Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en Galicia. Las televisiones nos han inundado (usando la palabra clave) con continuas imágenes de personas desesperadas porque lo han perdido todo en sus negocios y casas. Recuerdo la imagen de un coche, creo que rojo, apoyado en una farola, sí, en una farola, y apoyado. El agua ha destrozado tiendas y locales. Hay empresarios que se han quedado en la ruina, en la más absoluta ruina.

De buenas a primeras, caen cuatro gotas (fueron algunas más, ciertamente) y los pueblos se llenan de fango… ¿De fango? Sí, de barro, fango, lodo... En algunos lugares, el rastro de la tierra había alcanzado hasta un metro de altura. Esto, como todo el mundo sabrá, no viene del cielo. No suele llover barro. Entonces, ¿de dónde ha venido? Pues del monte. ¿De qué monte? Del monte donde dentro de poco habrá una urbanización.

Por regla general, la Naturaleza (esa gran desconocida) tiene mecanismos que nos protegen de manera no intencionada. Los montes, y más en Galicia, tienen árboles (o tenían la última vez que estuve por aquella zona). Unos árboles que suelen, por aquello de que les son necesarias, tener raíces. Y estas raíces, curiosamente, tienen una utilidad muy interesante: sostienen la tierra como pilares desde el suelo hasta las profundidades. Así, los árboles hacen que la tierra no se desplace ladera abajo. Pero, ¿y si no hay árboles? Pues que en cuanto llueva, el agua se llevará la tierra, creando ríos de lodo.

Lo que ha provocado las inundaciones en los pueblos gallegos no ha sido otra cosa que la deforestación. Una deforestación, que como en todo España ocurre, se debe a unos intereses urbanísticos. Se eliminan bosques para construir chalecitos con piscinas… y todo ello, por supuesto, sin control alguno. Y lo curioso, es que se sabe que se queman bosques en verano apropósito con esos fines, pero a poca gente se la “pilla”. Sí, vale, detienen al responsable material de muchos de los incendios, pero hay otros muchos responsables, indirectos o desde despachos, que dan la idea o sugieren que desaparezcan algunas zonas de bosque. Y muchos de esos individuos, precisamente, son de la clase política.

¿Hay consecuencias políticas? Más bien pocas. Este verano pasado se inició una investigación, de la que poco hemos sabido, en la que se estaba investigando la relación entre algunos alcaldes y dirigentes políticos afines a los negocios urbanísticos con incendios claramente provocados por los mismos que deben apagarlos. ¿Lo recuerdan? Seguramente. Pues bien, la investigación no llegó a ningún lado. Se metió en prisión al pobre infeliz al que le ordenaron prender fuego el monte y nada más. Así es este país.

Ahora ha aparecido una iniciativa del gobierno, de buscar a esos individuos en sus propias filas. Es una iniciativa claramente positiva y que nadie en su sano juicio rechazaría. Pero de su teoría a la realidad, hay todo un mundo. Desde aquí aplaudo la idea, y espero que la cumplan, porque desde Motril a Bilbao, o de Barcelona a Cádiz, se producen incontables “chanchullos” en pueblos y ciudades. Si tienen intención de llevarlo a buen puerto, adelante, que tengan mucha suerte y que les vaya bien. De hecho, sería bueno que otras formaciones políticas se sumaran a la iniciativa, como el Partido Popular. Pero este partido la ha rechazado aludiendo historias de fantasmas del pasado (de hecho asegurando que ellos no tienen ningún fantasma, faltaría más), y que ellos no necesitan revisar sus filas. Tal vez no lo necesitan porque tienen mucho que ocultar.

Mientras tanto, mientras unos partidos se lanzan pelotas y unos políticos se llenan los bolsillos, seguirá habiendo inundaciones y más tiendas y casas vivirán entre el fango del monte pelado.

lunes, octubre 23, 2006

Los puntos de Artur Mas

Hace unos días que las elecciones catalanas comparten conmigo el desayuno. Y no sólo el desayuno, sino también el almuerzo y la cena. Me temo que no soy el único en atragantarme una vez más con las propuestas de un tripartito que hace tiempo rompió sus nupcias. Porque todo el mundo sabe que la poligamia está prohibida y no va a ninguna parte. También me indigestan los huevos, las caceroladas, los gritos y las pintadas aunque sean aves populares, pero ése es otro tema.

Lo cierto, es que los grados de demagogia de algunos políticos van a explotar pronto el termómetro de los ciudadanos. Ésos que decididamente o no, votaron por unos representantes que a día de hoy y en su gran mayoría representan nada más que sus propios intereses. Que si un pisito por aquí, que si unos terrenos por allá, que si mi once por ciento, que si ingreso un millón de euros en Andorra...
Así continúa la bola de una corrupción que cada día aumenta y a la que todos juegan. Pero si me disculpan, prefiero seguir tomándome el café porque mi indignación tarda en enfriarse.

Ahora me gustaría contarles una historia, o mejor dicho, un cuento. Ése que apareció en los medios de comunicación a finales de la semana pasada y que levantó las astillas de más de un cayuco. El protagonista no es otro que Artur Mas, un director novel que pretende emular a Santiago Segura, en esta caso con "Corrupción en Cataluña". Su dedicación a la gran pantalla ha mermado por unos días su capacidad como político (si alguna vez la tuvo), para deleitarnos con la creación de un nuevo carnet, el de la humillación.

El susodicho carnet ha de llevarse siempre encima para el buen funcionamiento del inmigrante. Consiste en una simple tarjeta con el nombre, país de procedencia, edad, estado civil, orientación sexual y hasta una casilla libre a rellenar irregular o regular. Todo con las ventajas que el carnet puede ofrecer al indocumentado, valga la paradoja. Desde una cómoda plaza de alojamiento bajo un puente, cuatro comidas a la semana, quince horas de trabajo diarias, un sueldo por debajo de la media, o incluso un asiento de primera clase en la patera de regreso.

Ahora es cuando pensarán que la cafeína se me ha subido a la cabeza, pero no es así. La ironía es la única herramienta que tengo para luchar contra la repugnancia que me produce esta idea. La idea de un político que pretende catalogar a los inmigrantes en inmigrantes de primera y segunda, que no ciudadanos. Porque el concepto de ciudadanos andaría muy lejos según esta clasificación.
Sinceramente, el problema es más grave de lo que parece. La deshumanización es el cáncer de una sociedad que aboga por el papel, por el documento, por la burocracia, por la organización. La política de hoy gira en torno a una noria desde la que los problemas se ven como hormigas. Hormigas, que sin darnos cuenta aparecen aplastadas bajo las suelas de los zapatos.

Por eso, "el bien de altura" de nuestros gobernantes nos ha llevado a este extremo. Artur Mas apuesta por una cartilla que premie a los inmigrantes mejor integrados. Aquellos que aprendan catalán por ejemplo, sumarían puntos a la hora de acceder a ciertas prestaciones. Es la escuela de la suma y la resta, donde no parece existir el signo igual. Las matemáticas es la asignatura que sigue dividiendo el fenómeno de la inmigración mientras la Ética nos queda para septiembre. Esperemos, al menos, que a Mas le cosan los puntos de la testa, porque ese golpe ha sido sencillamente inhumano.

miércoles, octubre 18, 2006

Atasco en la M-30


Hoy he pasado, a eso de las ocho de la mañana, por la facultad de Farmacia de la Universidad de Granada. He tenido el honor (por que es un honor), y el placer (también lo es), de encender la luz de uno de los lugares más míticos de esta facultad, la M-30. Se trata de un enorme pasillo que comunica los dos edificios del complejo. Como curiosidad, posee infinidad de mesas, con sus sillas, dispuestas en toda su longitud. Es un lugar de estudio, de charla, idóneo para pasar el rato entre clase y clase. Como he dicho, he tenido la suerte de ser hoy el que encienda la luz a esas horas, aún nocturnas. Es espectacular ver cómo se encienden los tubos fluorescentes, como si de una onda expansiva se tratara, iluminando progresivamente toda la estancia.

Son horas tranquilas, aún no hay nadie. Reina el silencio, y la calefacción invita a relajarse. Pero la M-30 posee otro atractivo añadido. En una de sus paredes se encuentran las orlas de algunas de las últimas promociones. Parecen hormigas sobre una superficie blanca. Resulta increíble comprobar la colosal cantidad de alumnos, ya profesionales, que han cursado los cinco años de carrera. Puede haber, en cada orla, de media unas mil personas. ¡Son mil titulados al año!

Y es a aquí, a donde quería ir a parar. En medio de aquel silencio, a la luz de los fluorescentes, me pregunto: ¿todos esos titulados trabajan en una farmacia o en laboratorios farmacéuticos? Resultan, a todas luces, demasiados. Es más, hay que saber que Farmacia se estudia en más universidades españolas. Eso, obviamente, duplica muchísimas veces la cantidad de “farmacéuticos” que salen al año. ¿Hay demanda, existe?

No creo, ni yo ni nadie, que todos esos mil titulados acaben vendiendo Juanolas o Eferralgán. Por tanto, ¿qué hacen el resto?

Es verdad que es una carrera donde abunda, al menos en Granada, la gente de orden, del taco. Y por ello, si surge, tienen posibilidad de montar una farmacia en alguna parte, que falta hará. Pero aún así, esos serán unos pocos, porque no se pueden poner farmacias por una ciudad como quien pone quioscos. Por tanto, esos serán escasos. El resto, tendrá que probar fortuna en laboratorios farmacéuticos o en la Seguridad Social. Y como es bien sabido, no todos encontrarán trabajo. Muchos, la mitad, si no más, se quedarán compuestos y sin trabajo.

Y, ahora, salgamos de Farmacia y añadamos al montón de desempleados a los médicos, enfermeros, químicos, biólogos, físicos,… y a los de letras (también habrá que tenerlos en cuenta),… y a los de arte (estos suelen estudiar para estar desempleados). El número anual de gente que finaliza sus estudios y se enfrenta a la realidad laboral, es, simplemente, descomunal. España posee un exceso, incontrolable, de titulados en estudios superiores. No hay trabajo especializado para todos ellos. La mayoría tendrá que buscar trabajo en sectores que poco o nada tienen que ver con lo que han estado estudiando durante años. ¿Cuántos bioquímicos o periodistas trabajan de camareros? Muchos.

Sin embargo, hay trabajo para todo el mundo. De hecho, España posee una demanda terrible de mano de obra. Se necesitan trabajadores. Ahora bien, un licenciado no querrá trabajar en el campo o limpiando coches (yo el primero).

¿Cuál es la solución? No existe posiblemente. Tal vez bajarles los humos a los estudiantes y que acepten lo que surja. O, mejor, comerles el coco a los niños para que no cursen estudios superiores, o incitar a los chavales a que no terminen su enseñanza obligatoria: tendríamos mano de obra barata. Estos ejemplos son irónicos, pero, sinceramente, son una posibilidad a tener en cuenta. A fin de cuentas, anteriores gobiernos han deseado hacerlo.

El quién debería poner una solución, no está nada claro. ¿El Gobierno, las Universidades, el estudiante, la familia? Como siempre, la solución pasará por todos. Y, lógicamente, a ver quién tiene la suficiente valentía de actuar, y de actuar, a ver quién sabe qué hacer.

Es muy fácil lanzar estas preguntas, como hace la oposición en el Congreso de los Diputados, pero ni ellos saben, ni sabían, ni, mucho menos, sabrán cómo solucionarlo. Por ello mismo, señor Rajoy (o quien mande en el PP), proponga algo propio por primera vez en la vida de su partido y no haga tanta inútil acusación.

Son las ocho y cuarto, y tengo que irme de la facultad de Farmacia. La hora punta está al caer y la M-30 empieza a llenarse. ¿Serán conscientes todos de qué es lo que les espera cuando terminen? Aún tengo que cruzar Granada para llegar a mi facultad, que mis clases empiezan a las nueve. ¿Sé realmente que me espera cuando termine de estudiar dentro de dos años?

lunes, octubre 16, 2006

Corrupción 1- Democracia 0

¡Cerrado por antidemocrático! Éste será el cartel que pronto algún indígena colgará en el parlamento ecuatoriano y no le faltará razón. El país suramericano se vistió ayer de democracia, a pesar de la alargada sombra de corrupción que persigue a la política de la nación andina. En la última década, ocho son los presidentes que han colocado sus posaderas en el sillón presidencial y se han quemado el culo con la llama del escándalo. Una llama que sin embargo pretenden que apague el pueblo, obligándoles a votar, sino quieren ver más abierto el agujero de su bolsillo

Porque a diferencia de España y la mayoría de países europeos, el sufragio es obligatorio en Ecuador. El Estado sanciona hasta con 160 dólares (el salario mínimo del país), la suspensión de ciertos derechos como cobrar un cheque o viajar al extranjero, a cualquier "irresponsable" que, paradoja en mano, olvide su deber de votar, aunque no conozca el significado de la palabra derecho y tenga ni siquiera que llevarse a la boca. Mientras, de los catorce millones de habitantes, siete espiran bajo el umbral de la pobreza. Medio millón vive en nuestro país, y más de dos en Estados Unidos.

Sin embargo, parece que los ojos de Europa y el tio Sam apuntan en otra dirección. Más concretamente hacia las alzas de los zapatos de Pyonyang, ese enano norcoreano que ha optado por lanzarse de bomba a la piscina de las Naciones Unidas. Además, el agua le ha salpicado tanto en los hocicos a Bush, que ya temíamos todos una nueva guerra preventiva. Y es que el presidente norteamericano tuvo en Aznar a un buen maestro del castellano, y por ello conoce a la perfección el refranero español: "más vale prevenir que curar".
Una máxima que también ha seguido en su lucha contra la inmigración, con la construcción de un doble muro de casi mil doscientos metros de longitud en varios tramos de la frontera con México; de donde por cierto trajo Aznar su inexplicable acento mejicano.

Pero no hace falta irse tan lejos. La corrupción gana los partidos tanto fuera como en casa. Al tiempo que en Italia Romano Prodi promete acabar con la evasión fiscal y el imperio comunicativo de su antecesor, Silvio Berlusconi, descubrimos que un tercio de los diputados italianos se droga. Ya nadie es capaz de competir dignamente en el ejercicio de la política, y hay quien habla de una nueva hormona: "la corruptopoyetina". Capaz de aumentar la capacidad corruptiva de los políticos en un cincuenta por ciento. Una sustancia que mejora el estado físico de los pacientes, eleva el número de glóbulos rojos en sangre y permite un mayor rendimiento ante los fraudes a hacienda.


Aunque no se crean, esta hormona ya era utilizada hace siglos. Los caciques aderezaban el caldo del pueblo con grandes dosis de ella. Era la mejor forma para callar las revueltas que hoy siguen durmiendo en algunas habitaciones del mundo.
Las mismas habitaciones en las que esta noche dormirán nuestros propios caciques, nuestros propios corruptos. Esos que creyeron que Marbella era un Monopoly donde no existía la casilla de la cárcel. Esperemos que cada día haya más controles antidoping y las rejas formen parte del decorado de más de un granuja; mientras tanto me voy a Albolote a visitar a Roca que me pilla aquí al lado.


 

Ménage à Trois