Ménage à trois

viernes, diciembre 01, 2006

Reciclaje


Esta mañana he estado, junto con mis compañeros de blog, en una tienda de segunda mano. Nada más entrar descubrimos que no era sólo una tienda de cosas antiguas. Era mucho más. Era un santuario. Allí había libros y discos de todas las épocas y de todos los estilos. Tal vez podríamos habernos entretenido buscando algún libro, alguna lectura deliciosa o algún volumen descatalogado (Como ese imprescindible 2010), tal vez. Pero nuestra atención se fue hacia los Vinilos. Esas manifestaciones mágicas de la música, ya prácticamente olvidadas. Los LPs supusieron la cima de la intelectualidad musical. Las mejores obras jamás creadas por el ser humano dentro del inmenso universo de la música… todas, fueron publicadas en vinilo. Y si están pensando que considero que ninguna obra maestra de la música se ha publicado en CD, están en lo cierto. Dudo que haya alguna “obra maestra” que sea de la era del Compact Disc. Todas, absolutamente todas, ya habían sido creadas antes de que ese disco diminuto alcanzara la fama.

Sea o no cierta mi teoría, es indiscutible el encanto y la nostalgia, por una época que nosotros no llegamos a conocer, que despierta el sostener un vinilo. Por ello, descubriendo joyas y maravillas, estuvimos más de una hora, pasando un disco tras otro. Bandas Sonoras, Folk, Rock Sinfónico, New Age, canciones de autor, Pop,… español, inglés, italiano,… y siempre, todo, con una inmensa carátula, donde se podían ver los detalles de una esmerada portada y disfrutar de una fotografía. Podríamos haber estado muchas horas más allí si no, ciertamente, hubiera sido porque era hora de irse de tapas (y Juanjo tenía que cumplir su palabra). Cada uno salió de la tienda con un vinilo bajo el brazo, y más felices que un niño el día de Reyes. Javi se decantó por Serrat, y Juanjo por Javier Krahe.

Antes de llegar a la calle, los tres, nos prometimos volver cuanto antes a este santuario.

Resulta muy curioso cómo el avance de la tecnología, reduce la emoción. Si no tenemos en cuenta que el vinilo en realidad posee más calidad sonora que un CD (aunque la aguja produce la impresión de una inferior calidad con el chisporreteo) y sólo tuviéramos en cuenta la sensación de cada uno de los soportes, siempre ganaría el clásico disco de plástico negro (¡Ojo, los hay de otros colores, rojos, azules…!). Una estantería repleta de vinilos, todos ellos seguidos, en sus finas fundas y el encanto de buscar uno en concreto es algo que, siendo similar, no es comparable a buscar un CD en esas estanterías a medida en las que los apilamos. Igualmente resulta más emocionante colocar el vinilo dentro del tocadiscos y situar la aguja suavemente en el comienzo de la cara, que simplemente meter el disco por la ranura del reproductor. Si antes querías buscar una canción en concreto, levantabas la aguja y la llevabas manualmente hasta donde debía comenzar. Ahora, basta con pulsar una tecla delicada cuantas veces sean precisas para llegar a la pista. Puede que ese encanto que le atribuyo resida, simplemente, en que es algo manual, no tan automático. Hacer click sobre un *.mp3, en comparación, llega a ser poco más que una broma. Escuchar música así, mediante el cursor del Mouse, no parece tener mérito alguno. Aunque, en verdad, música es.

El mundo discográfico se encuentra en una situación comprometida. Con la piratería haciendo estragos y con unos intermediarios que roban a los consumidores con los precios de los CDs (por no hablar de las asociaciones mafiosas que aunque privadas se dedican a imponer innecesarios cánones), el futuro parece aún menos emocionante. Si esto sigue así, todo pasará por los archivos digitales, de mala calidad, de escasos kilobits por segundo y con aún menos kilohercios de respuesta. Cuando sólo exista eso, el romanticismo de ir a una tienda y buscar música, será poco más que un hecho primitivo. Pero yo, desde luego, el tiempo que he pasado en esa tienda buscando vinilos no lo cambiaría por todo el tiempo del mundo delante del emule.

Afortunadamente, aún hay muchos tocadiscos en el mundo, y mientras ellos existan, aún existirá la música, encerrada entre surcos y dominada por la electricidad estática.

Por cierto, el vinilo que yo compré fue Ommadawn, del año 1975, una maravilla de Mike Oldfield.


3 Comments:

  • Tu y tus peculiaridades...
    Pensaba que jamás ibas a nombrar a Mike Oldfield en este blog. has tardado bastantes entradas.


    En cuanto a lo que dices de los vinilos. La verdad es que mi padre sigue poniendo en casa el tocadiscos, con esa música estridente de los setenta. Aveces temo ir a mi casa por eso, porque puede estar sonando algún disco, ya lo sabes. Menos mal que voy poco por casa. Pero tienes razón, puede que sea más romántica aquella forma de escuchar música, más manual. PEro yo soy de la era CDs, del photoshop y del FinalCut, y puede que se me escape aquel encanto. Lo mismo tú me lo enseñas...

    Deu.

    By Anonymous Anónimo, at sábado, diciembre 02, 2006 10:39:00 a. m.  

  • Mike Oldfield ¡Cómo no!

    By Anonymous Anónimo, at sábado, diciembre 02, 2006 5:28:00 p. m.  

  • calixto@alternativacomunicacion.com

    By Anonymous Anónimo, at lunes, diciembre 04, 2006 8:36:00 p. m.  

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