Con faldas y a lo tráfico
¡Estás para mojar pan! Es el piropo hambriento que entre ladrillo y ladrillo dedican los obreros a la misma mezcla a la que Bequer echaba más agua y menos cemento. Todo, para conjugar esa lengua que despacio y sin cinturón trata de igualar el estatus entre la o y la a, o lo que es lo mismo, entre el vello y lo bello. Y es que hoy, hasta los más puristas no permanecen a salvo de la depilación de un habla que equipara lo femenino y lo masculino, quitándose ese pelo enraizado en el que hasta hace un par de décadas se apoyaba el machismo.
Mientras, por algunos montes, aún caminan las cenizas de una Sierra Morena descubierta de vándalos que nada conoce de su herencia. Porque hoy, la genética, sin más célula madre que la que lo parió, continúa dibujando aquel troglodita de palillo e insulto en boca, que bebe fútbol y no llega a ver ni la cerveza.
Sin embargo, al mismo tiempo que algunos tiran de rubia, otros se dedican a dragar los restos de un mar de diferencias y sobre todo de historia. La misma historia que desde Fuenlabrada han intentado cambiar sin más sufragio que el censitaro. La inicitiava de este pueblo madrileño, consistente en haber feminizado la mitad de sus señales de tráfico, es poco menos que populista.
Y es que en mi modesta opinión, la lucha por la igualdad de género tiene otros empedrados muchos más importantes.
La violencia hacia las mujeres, la ventaja de ser hombre a la hora de acceder a un puesto de trabajo, el acoso laboral, la bajas por maternidad, la cárcel de las labores domésticas, el cuidado de los niños, el bajo índide de mujeres que ocupan cargos de dirección en las empresas, la diferencias de sueldos en relación con el sexo, la tremenda marginación que sufren en algunas culturas y religiones, la labor de compaginar trabajo y hogar.
Son algunos de los ejemplos en los que seguro más de un peatón (por no discriminar), ha pensado a la hora de cruzar esos femeninos pasos de cebra. Y es que no se trata de llevar falda o no, de vestir una figura más o menos estilizada, de moldear la silueta del sexo masculino hasta convertirla en femenino. Simplemente es cuestión de renegar de lo accesorio para subrayar lo esencial.
El alcalde de Fuenlabrada (que nada tiene que ver con Fuenteovejuna) ha decidido cambiar el atuendo. Vestir con falda y coleta al monigote que durante tanto tiempo nos indicó por donde debíamos cruzar. Mientras, algunos comentan que a este señor deberían recordarle que el monigote no es un hombre, sino la representación de un hombre, que no es lo mismo. Al hablar de hombre, este símbolo representa al hombre y la mujer, porque desde Cervantes la prosa y el verso, en constate lucha y reconciliación, escogieron economizar el lenguaje.
"Es una forma de acabar con el sexismo que aparece en las señales de tráfico» Son las palabras del primer edil de un pueblo que quizá se ha tomado muy en serio o muy en broma el tema de la paridad. Porque hasta hoy, un servidor, jamás había visto en televisión una huelga de pasos de cebra, ni un malestar entre los prohibidos circular a más de 80 y a más 100, ni siquiera una manifestación de los Stop por obligarles a parar en beneficio de los Ceda el paso. Es decir, el tráfico ha tomado una nueva reivindicación.
La misma que por desgracia resta credibilidad a esa pelea mantenida por las mujeres desde hace siglos. Así, y a la espera de que se instalen los nuevos semáforos made in paridad, yo estaré cruzando en rojo con esta opinión que para algunos/as será de luz verde.
Mientras, por algunos montes, aún caminan las cenizas de una Sierra Morena descubierta de vándalos que nada conoce de su herencia. Porque hoy, la genética, sin más célula madre que la que lo parió, continúa dibujando aquel troglodita de palillo e insulto en boca, que bebe fútbol y no llega a ver ni la cerveza.Sin embargo, al mismo tiempo que algunos tiran de rubia, otros se dedican a dragar los restos de un mar de diferencias y sobre todo de historia. La misma historia que desde Fuenlabrada han intentado cambiar sin más sufragio que el censitaro. La inicitiava de este pueblo madrileño, consistente en haber feminizado la mitad de sus señales de tráfico, es poco menos que populista.
Y es que en mi modesta opinión, la lucha por la igualdad de género tiene otros empedrados muchos más importantes.
La violencia hacia las mujeres, la ventaja de ser hombre a la hora de acceder a un puesto de trabajo, el acoso laboral, la bajas por maternidad, la cárcel de las labores domésticas, el cuidado de los niños, el bajo índide de mujeres que ocupan cargos de dirección en las empresas, la diferencias de sueldos en relación con el sexo, la tremenda marginación que sufren en algunas culturas y religiones, la labor de compaginar trabajo y hogar.
Son algunos de los ejemplos en los que seguro más de un peatón (por no discriminar), ha pensado a la hora de cruzar esos femeninos pasos de cebra. Y es que no se trata de llevar falda o no, de vestir una figura más o menos estilizada, de moldear la silueta del sexo masculino hasta convertirla en femenino. Simplemente es cuestión de renegar de lo accesorio para subrayar lo esencial.
El alcalde de Fuenlabrada (que nada tiene que ver con Fuenteovejuna) ha decidido cambiar el atuendo. Vestir con falda y coleta al monigote que durante tanto tiempo nos indicó por donde debíamos cruzar. Mientras, algunos comentan que a este señor deberían recordarle que el monigote no es un hombre, sino la representación de un hombre, que no es lo mismo. Al hablar de hombre, este símbolo representa al hombre y la mujer, porque desde Cervantes la prosa y el verso, en constate lucha y reconciliación, escogieron economizar el lenguaje.
"Es una forma de acabar con el sexismo que aparece en las señales de tráfico» Son las palabras del primer edil de un pueblo que quizá se ha tomado muy en serio o muy en broma el tema de la paridad. Porque hasta hoy, un servidor, jamás había visto en televisión una huelga de pasos de cebra, ni un malestar entre los prohibidos circular a más de 80 y a más 100, ni siquiera una manifestación de los Stop por obligarles a parar en beneficio de los Ceda el paso. Es decir, el tráfico ha tomado una nueva reivindicación.
La misma que por desgracia resta credibilidad a esa pelea mantenida por las mujeres desde hace siglos. Así, y a la espera de que se instalen los nuevos semáforos made in paridad, yo estaré cruzando en rojo con esta opinión que para algunos/as será de luz verde.

1 Comments:
Una nueva iniciativa absurda de estos tiempos que corren.
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Anónimo, at jueves, noviembre 16, 2006 2:14:00 p. m.
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