Ménage à trois

martes, noviembre 28, 2006

El Agente social 007


Estrenada ya Casino Royale en España (como bien subrayaba mi compañero de blog Eduardo), todos hemos vuelto a recordar las apasionantes escenas del que es considerado un mito de la historia del cine. Persecuciones, saltos imposibles, huidas trepidantes, es decir, los ingredientes necesarios para cocinar un buen cine de acción. Y es que en la dosis adecuada, el agente 007, puede ser un perfecto placebo para curar esa falta de adrenalina que a veces tiene nuestra vida. Porque entre el CO2 de la ciudad, el ladrido del despertador, el bote de pasta de dientes estrujado, el café expresso del desayuno, el retraso del autobús y el atasco de las aceras, nadie vive su vida como una película. Sin embargo, en el último suspiro, si esperamos ver nuestra biografía en imágenes. En diapositivas que nos ilustren el recorrido de un camino quizá llegado a su fin antes de tiempo

Es la apasionante metáfora de la muerte,
a la que algunos juegan a dibujar, paradojicamente,
con el lápiz de su vida. Pero en este trayecto -guiado en ocasiones por la fortuna- vamos pisando cada día nuevas baldosas, nuevos adoquines que entre el ruido de la urbe pasan desapercibidos ante nuestros ojos.
Es entonces, sin previo aviso, cuando por la calle tropezamos con algún ser humano al que le tocó la desdicha de representar un papel secundario. Un papel secundario que no le ha asignado ningún jefe de escena, ningún director, ni siquiera ningún productor, sino simplemente cada uno de nosotros. Sí, saben de que estoy hablando. Piensen un momento, seguro que han visto a más de uno.

Son los que duermen en los portales, en los cajeros o en los bancos. Los que se arropan con cartones cuando nuestros ojos están pendientes de no pisarlos. Los que únicamente saborean el plato caliente de un día más vivido. Los que ahuyentan los políticos cuando reciben una visita oficial. Los que nos hacen cruzar de acera si volvemos de madrugada a casa. Los que desaparecen en las esquelas de los periódicos. Los que la rutina nos dispone como normales. Los que denominanos indigentes


Y con ese nombre, los llamados residentes del Cuarto Mundo, circulan a la vuelta de la esquina sin techo ni derecho. Sin embargo, hace cuatro meses, Pedro Cluster nos quiso mostrar esa olvidada esfera. Nos quiso dar la oportunidad de conocer quienes son los tramoyistas de esta obra de teatro sin fecha de caducidad. Y para ello, desde su blog (
www.sinhogar.org), denuncia diariamente el funcionamiento de los servicios sociales del municipio de Madrid. Desde esta pequeña habitación en la red, de la que no dispone en la vida real, consume dia a día las palabras para mostrar el espejo de quienes apagan las colillas desde el suelo.

Pero no se crean, Pedro, al igual que otros muchos indigentes de Madrid, no ha llevado siempre en el bolsillo el carnet de sin techo. Hasta el año pasado, su biografía se escribía como un profesional de éxito, al que una enfermedad mental arrastrada desde hace años, le hizo cambiar el calor de su familia por la soledad de la calle.

Ahora curado, decide poner las tildes a la asistencia social de Madrid, ayudando a quienes durante un tiempo se han convertido en compañeros de miserias, y también, de experiencias. Porque Pedro, que actulamente vive en el albergue de San Martín de Porres, confía en volver dentro de poco a su vida normal y montar una pequeña empresa. Aunque tiene claro que no podrá olvidar a la pequeña “tribu” con la que ha convivido durante este tiempo. Así, mientras en este momento algunos recogen el cartón, buscan entre la basura, o sencillamente esperan a que alguien entre al cajero para quedarse a dormir, Pedro Cluster, emulando al agente 007, se permitirá seguir teniendo licencia para denunciar.




1 Comments:

  • Recuerdo como si fuera ayer las caminatas hacia la facultad acompañadas por el intenso frío matinal de Granada, aquel hombre sentado en el portal al que nunca le faltaba la compañía de su perro, unos metros más adelante daba los buenos días a la muchacha que cada mañana, feliz, se deshacía de los últimos periódicos, cientos de ejecutivos ataviados con sus mejores trajes y portando el maletín de mejor calidad del mercado. Y allí, en una pequeña plaza, estos señores emanaban alegría por lo afortunados que habían sido de poder dormir en un colchón que habían encontrado aquella noche, de haberse hecho con la más suave y abrigada de las mantas, de haber conseguido unas monedas para comprarse una buena cerveza. Aunque no era tanta como la que irradiaban cuando esperaban impacientes en la puerta de los comedores sociales de San Juan de Dios, preguntándose tal vez qué deliciosa sopa tomarían hoy. Y es que, aunque no queramos darnos cuenta, todavía hay personas que, a pesar de vivir en unas circunstancias precarias, saben sonreír a la vida, soñando que algún día conseguirán un trabajo, un lugar digno donde vivir y, quién sabe, tal vez una familia. Pero, tristemente, nunca tendrán esta oportunidad mientras sigan pasando desapercibidos, mientras sigamos viéndolos como algo normal, mientras sigamos llamándoles "indigentes".

    Desde Inglaterra.

    By Anonymous Anónimo, at jueves, noviembre 30, 2006 1:27:00 a. m.  

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